

¿ESTAMOS REALMENTE ESCUCHANDO? Cuando preguntar “¿cómo estás?” no siempre significa estar disponibles para escuchar
¿ESTAMOS REALMENTE ESCUCHANDO? Cuando preguntar “¿cómo estás?” no siempre significa estar disponibles para escuchar ¿Cómo estás? Bien. ¿Cuántas veces repetimos esta pequeña conversación a lo largo del día? La pregunta puede aparecer mientras preparamos el desayuno, vamos al trabajo, contestamos un mensaje, miramos el celular o hacemos mentalmente la lista de cosas que todavía tenemos pendientes. Incluso podemos estar pensando en algo tan simple como los huevos que nos olvidamos de comprar en el supermercado. 😂 Y no está mal. La vida cotidiana es así. Tenemos responsabilidades, preocupaciones, horarios, trabajo, familia y mil cosas dando vueltas en la cabeza. Pero entonces aparece una pregunta que vale la pena hacernos: ¿Qué pasaría si alguna vez la respuesta a ese “¿cómo estás?” no fuera “bien”? ¿Qué hacemos cuando alguien nos dice: —La verdad, no estoy pasando un buen momento. Ahí comienza otra clase de conversación. Porque quizás preguntar es fácil. Lo más difícil puede ser estar verdaderamente disponibles para escuchar la respuesta. Escuchar es mucho más que oír Podemos escuchar palabras mientras pensamos en otra cosa. Podemos mirar a alguien mientras nuestra cabeza está en el problema que tenemos que resolver dentro de cinco minutos. Podemos decir “sí, sí, te escucho” mientras estamos pensando qué vamos a responder. Y también podemos escuchar para responder, en lugar de escuchar para comprender. A veces, cuando alguien nos cuenta algo que le pasa, sentimos rápidamente la necesidad de decirle qué debería hacer: —No le des importancia. —Tenés que dejarlo pasar. —Yo que vos... —A mí me pasó algo parecido. —No es para tanto. Muchas de estas respuestas nacen de una buena intención. Queremos ayudar. Queremos aliviar. Queremos encontrar una solución. Pero quizás, en ese momento, la otra persona no estaba buscando una solución. Quizás necesitaba simplemente poder decir lo que le estaba pasando sin sentirse juzgada, interrumpida o apurada. ¿Cuánto espacio dejamos para que el otro pueda hablar? Escuchar también implica aceptar que quizás no vamos a estar de acuerdo con lo que la otra persona piensa o siente. Podemos escuchar a alguien sin aprobar todas sus decisiones. Podemos escuchar sin tener una respuesta inmediata. Podemos escuchar sin comparar su experiencia con la nuestra. Y, sobre todo, podemos escuchar sin transformar inmediatamente lo que nos cuenta en un problema que tenemos que solucionar. A veces alcanza con algo mucho más sencillo: “Te escucho.” “Quiero entender qué te está pasando.” “No sé exactamente cómo te sentís, pero estoy acá.” Son frases pequeñas. Pero pueden abrir un espacio diferente. Cuando el “¿cómo estás?” deja de ser automático Tal vez no podamos estar disponibles todo el tiempo. Tal vez haya momentos en los que realmente estemos ocupados, cansados o preocupados por nuestras propias cosas. Y está bien. La escucha no exige que seamos personas perfectas ni que tengamos siempre tiempo para todo. Quizás se trata de algo más sencillo: cuando preguntamos, intentar registrar qué lugar estamos ofreciendo para la respuesta. Porque si preguntamos “¿cómo estás?” y, en realidad, esperamos que la respuesta sea solamente “bien”, quizás no estamos haciendo una pregunta. Estamos haciendo un saludo. Y hay una diferencia enorme. Escuchar también es una forma de cuidar Sentirse escuchado no resuelve mágicamente aquello que nos preocupa. Pero puede hacer que una persona no tenga que atravesarlo completamente sola. Puede permitirle ordenar lo que siente, poner palabras donde antes había solamente malestar y descubrir que aquello que le pasa puede ser compartido con alguien. Y esto es especialmente importante en nuestros vínculos más cercanos: con nuestros hijos, nuestras parejas, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros adultos mayores y también con aquellas personas que quizás no vemos todos los días, pero que forman parte de nuestra comunidad. A veces creemos que para acompañar a alguien necesitamos tener las palabras correctas. Quizás necesitamos, primero, hacer un poco de silencio para que el otro pueda encontrar las suyas. Tal vez podamos empezar por algo pequeño La próxima vez que preguntes: “¿Cómo estás?” probá detenerte un instante. Mirar. Esperar. Escuchar. Quizás la respuesta sea “bien” y la conversación continúe como siempre. Pero quizás no. Quizás alguien diga algo que hacía mucho tiempo necesitaba decir. Y quizás, por unos minutos, podamos dejar de pensar en los mensajes pendientes, en el trabajo, en las compras, en los huevos del supermercado 😂 y en todo aquello que ocupa nuestra cabeza. Para estar ahí. Con el otro. Porque escuchar no siempre significa tener una solución. A veces significa simplemente decir, con nuestra presencia: “Tu palabra importa. Estoy acá.” Entre Voces Melisa Andrea Scaraglino Psicóloga Social · Arteterapeuta
Identidad Calamuchitana
Valle de Calamuchita · Córdoba